Un corredor para nada rústico

El tandilense Néstor Pereyra, uno de los representantes argentinos en el Mundial.

Néstor es un tipo que empezó a entrenar corriendo el colectivo. Competía con su hermano Leo para ver quien se le acercaba al llegar al dique. Y ese pibito que trataba de alcanzar el bus terminó representando a la Argentina en el Mundial de Trail y Montaña en Penyagolosa, en España, hace pocos días atrás.

Dentro del ambiente del trail running, a Néstor Gabriel Pereyra no sólo se lo conoce, sino que también se lo quiere. Un tipo simple y humilde, suele terminar casi siempre arriba de un podio, peleando palmo a palmo con su hermano Leo por ver quien termina primero.

Tandil suele ser una tierra de grandes corredores en la especialidad, por lo que a la hora de competir tiene grandes rivales a su lado, como los casos de Diego Simon, Julián Peralta, Matías Urrutia, Ariel Ots o Sebastián Tosti, por dar ejemplos. En el Cruce Tandilia o en las Tandil Adventure, por ejemplo, suelen sacarse chispas en los últimos metros.

“Miraba el Mundial y cada vez que llevaban las citaciones, me quedaba caliente por no poder ir. Tenía buenos resultados en carreras importantes pero no lograba ser llamado. Por eso, hace dos años me reuní con mis amigos y me propuse entrenar como un campeón y estar en Castellón”, comenta en diálogo con Más Aire.

Subir de un lado y por el otro al Centinela, o a la sierra De Las Ánimas. Largos fondos por los diferentes senderos por las sierras de Tandil fueron parte de la puesta a punto, como también el apoyo del Municipio de su ciudad fue vital para poder viajar.

La clasificación llegó luego de un cuarto puesto en ADN Trail, en San Martín de Los Andes. En Tandil y en La Plata (su segundo hogar) los festejos no tardaron en organizarse.

Pero nada llega por fortuna. El corredor tiene una labor que lo exige estar al máximo, tal como en las carreras. Un día en la vida de Néstor comienza con su trabajo en la construcción, oficio que heredó de su padre. Desde temprano está en diferentes obras, para luego repartir el tiempo que le resta entre su familia y los entrenamientos.

Además, cuenta con un aspecto determinante en su vida, la compañía de su hermano Leo. “Siempre digo que nos unimos los dos en una. En las carreras nos entendemos sin hablar y volvemos a jugar como cuando éramos pibes”, explica.

“Hay que correr hasta que se acabe la nafta y en ese momento, en le punto más duro, solamente queda correr con el corazón”.

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