Todo lo que hay que saber sobre la periostitis tibial

El gran secreto para recuperarse, es disminuir las cargas de entrenamiento. Así se deberá proceder a la inmediata disminución del volumen de entrenamiento semanal, que dependerá la intensidad de las molestias que se estén sintiendo. Enterate cómo hacerlo.

La periostitis tibial, o síndrome de estrés tibial medial, es una patología frecuente entre corredores y sumamente molesta. Como su nombre lo indica, esta lesión se presenta en la tibia, el segundo gran hueso que conforma tu pierna. Quienes la padecen, o la han padecido, saben que la periostitis tibial se suele presentar como un dolor en la parte interna y frontal de la tibia. Es una lesión por sobreuso progresiva (cada vez molesta más), que puede incluso hacerte doler mientras caminas.

La tibia es un hueso largo de la pierna, que articula proximalmente con el fémur, la rótula y el peroné, y distalmente, también con el peroné y con el astrágalo. Está recubierta por periostio, una vaina fibrosa que contiene vasos sanguíneos y nervios que proporcionan nutrición y sensibilidad al hueso. Y en ella se insertan dos músculos que intervienen directamente con la periostitis: el tibial anterior, que recorre el borde externo de la tibia, y cuya función, entre otras, es la flexión dorsal del pie; y el tibial posterior, que se sitúa posterior a la tibia y en la membrana interósea, con la función de flexión plantar del pie. Ambos estabilizan el arco plantar en la carrera.

La causa más aceptada para la producción de la periostitis tibial es la sobrecarga ósea debido a la repetición continua de impactos. En un estudio se observó en tomografías computarizadas de corredores con dolor de la tibia zonas de baja densidad ósea que coincidían que con la ubicación del dolor.

Existen algunas conductas que pueden aumentar el riesgo de sufrir esta molesta lesión, como el entrenamiento excesivo; una mala técnica de carrera; un calzado inadecuado; una hiperpronación del pie; inicio al running de forma poco progresiva; y rotación externa o interna de cadera de manera excesiva.

El gran síntoma de esta lesión es una sensación de quemazón o dolor sordo en la cara anterior de la pierna, que se alivia con el reposo pero que vuelve con la práctica de la actividad, llegando incluso a dificultar su ejecución.

El gran secreto para recuperarse de la periostitis tibial es disminuir las cargas de entrenamiento. Así se deberá proceder a la inmediata disminución del volumen de entrenamiento semanal, que dependerá la intensidad de las molestias que se estén sintiendo. Esta disminución puede ser realizada de dos maneras, que pueden utilizarse combinadas y/o en forma independientes: reducción de los días de entrenamiento, o reducción de los kilómetros a correr por sesión de entrenamiento. Ambas opciones son válidas y deberán ser decididas en base al plan de entrenamiento, objetivos y necesidades del corredor.
Por otra parte, cuando se termine de correr es recomendable aplicar hielo en la zona afectada durante 15 minutos, y estirar la musculatura que la rodea (soleo y gemelos) junto al tibial anterior y peroneos. Y el profesional médico tratante también podrá definir otras vías de tratamiento como las ondas de choque y el plasma rico en plaquetas.

Por último, una serie de consejos para prevenir y evitar la periostitis tibial: buena planificación de los entrenamientos; calzado adecuado para tu tipo de pisada y en buen estado; buen calentamiento antes de empezar la actividad deportiva; estiramientos después de la actividad deportiva (tibial anterior, peronés, gemelos, soleo); y propiocepción de tobillo.

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