La larga travesía de Mo Farah

A poco menos de tres semanas para el inicio de los juegos olímpicos, un recorrido en la vida del atleta malí que representa a Gran Bretaña.

Cuando Mo Farah obtuvo el triunfo en los 10.000 metros en Londres 2012, podría haber sido el apogeo de una gran historia de éxitos. El corredor de fondo ejecutó su propio sprint final y ganó la medalla de oro para Gran Bretaña antes de abrazar a su hija, Rhianna y su esposa embarazada, Tania. Una semana después, el corredor regresó al estadio para competir en 5.000 metros. En la mente de Farah, una medalla de oro no sería suficiente; dos bebés en camino significaban que dos medallas eran necesarias. Con otro gran sprint final, Farah se aseguró el primer puesto. “Ese momento fue lo mejor que me pasó en la vida. Cambió mi vida por completo; ganar significó mucho para mí. Y que hubiera 75.000 personas gritando tu nombre y alentándote, no podría haber algo mejor”, agrega en una entrevista con Nike.com.

Farah es gemelo, nació solo unos minutos después que su hermano, Hassan, en 1983 en Mogadishu, Somalia. Cuando los niños tenían 8 años, su familia estaba lista para mudarse a Londres donde su padre estaba viviendo y trabajando, pero Hassan se enfermó y no pudieron viajar. La familia se vio forzada a dejar atrás a Hassan y cuando regresaron a buscarlo meses después, se enteraron de que había sido evacuado con sus parientes a una ubicación desconocida en medio de la guerra civil de Somalia.

Sin saber inglés, encontró consuelo en el fútbol y se unió a un club local, aunque dice que “nunca tuvo aptitudes” y prefería solo correr con la pelota. De hecho, fue esto lo que llamó la atención del profesor de educación física de Farah, que notó su estilo para correr sin esfuerzo, y le ofreció el tipo de propósito y apoyo que Farah había estado buscando, lo que motivó al joven atleta a unirse a un club de corredores local a los 11 años para asegurarse de que estuviera bien fomentado.

En 1997, Farah ganó su primera carrera importante. Fue durante este período fructífero que Farah comenzó a entender el potencial de su deporte: cada éxito podía ayudarlo a ir más allá de los confines de su ciudad de residencia; cada victoria podía ser un paso más cerca a Hassan.

Finalmente, en 2003, ahorró dinero suficiente para volver a Somalia y encontrar a su hermano.

Esta reunión, según Farah, “fue el mejor sentimiento de mi vida”. Regresó a Londres y al poco tiempo su carrera comenzó a ponerse más seria. “Desde 2005, senté cabeza y comí, dormí, entrené, eso es todo lo que hice [desde entonces]”, añade. En 2011, Farah ya estaba listo para su siguiente gran paso, en realidad, dos de ellos: un nuevo entrenador y un nuevo hogar.

Hoy Farah no es solo uno de los corredores de fondo más exitosos de todos los tiempos, también es el más disciplinado. En promedio corre 125 millas todas las semanas. “Hay un punto en la carrera donde uno deja de disfrutar y uno no quiere seguir y ahí es donde uno tiene que colgar los botines. Todavía no me sucedió. Más que nunca quiero salir y hacerlo por mis hijos, mi familia, por mí. Quiero ganar, quiero hacer historia, quiero continuar y quiero un día ser capaz de impresionar a mis hijos y que puedan decir ‘Mirá, mi papá era un gran corredor’”, finaliza.

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